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te ordeno vin diesel

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En tu poema decísOdio esas películas de acciónautos que se estrellana máxima velocidadrubias infladas en minishort que sonmuñecos sin expresiónMe animo a contarque las vi todas las de Vin Diesellas vi todasque rápido y furioso es una saga gay que la Michelle Rodríguez es un chico más y la cosa esentre ellos, los muchachoscon sus motores, tramitas de robos y carreras de camionesque el pibe que murió en la vida realno pegabademasiado college boy, ojitos azulesno daba “amigo”por nada del mundode Vin Diesely a esto quiero llegar:Vin Diesel -la fantasía que me daverlo desnudo con tapado de pielabultadono puede másno se puede moverno puedehablarVin Diesel tu nombreestá hecho de kerosene y grasacuando abrís la bocamascullás, gruñís, rugísnunca articulás nadasos puro aullido Vinotra lengua la tuyate gustará comer, asumoy quiero imaginarotras cosaspero lo importante acáes tu imagenagente xxx, ex surfer, moto siempreultra carro tuneadoese tapado de piel que cubresolo tatuajes, unos músculos que…

corazón kariVe: el pez dorado

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Ni el olor a lluvia (iuvia), tan estridente cuando me acerco a cerrar la ventana, con este temporal que acaba de arrasar, y arrebata mi nariz, ni esa mezcla perfecta de verdor húmedo, asfalto enfríado y ventisca helada, ni el hecho de que esté empapada de gotitas la sien por sacar la cabeza al aire a lunares de agua, puede robarme la mezcla de esencias, tuyas, que me impregnan. Están adentro, eso es. Me recorren o corroen, eso es. De pronto asoman y destilan en mí que entonces muero de sed, de hambre de abrasarte de nuevo. Como si el fuego emergiera de la humedad musgosa que los resquicios de mi cuerpo ardorosamente cultiva. Pasionarias cautivantes, lirios naranjas, girasoles en movimiento perpetuo, ebrios de girar, dientes de león que se despelusan solos para posar cada pelito como un mínimo brazo, haiku, en tu espalda lluviosa, en tu pecho pista de mis manos que se deslizan sin freno, que no saben parar. Así estoy: mis uñas son caracoles que levantaste de la playa y seleccionaste co…

Hay fuego

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Hay fuegoprimero lo huelo, madera que arde, es puro perfumeHay fuegolo oigo crepitar, tenue, a lo lejospara que me lleves, dice la cancióntambién escucho esosigo la letra y diviso la fogataparece recortada de una foto o de una películaperfecta, se mueve, ondula en el aire, deja escapar el humonaranja vivo, melena leonada al vientoHay fuego, qué fuego!arde, baila, devora el leño, dibuja, tiemblano estoy cerca pero igualquedo capturadael fuego tiene eso, te deslumbrate atrapa los ojosy cada vez más cerca, con la boca abierta, pupilas brillosasavanzásfuegovoylas manos quieren tocartesuponen cabello danzante, aromático, cálidouna mata pelirroja de envolvente giroflamear penetrada, enlazada, abrasadael éxtasis del fuegoen esa elevación aerostática algo va a acabarva a caerHay fuego en míincandezco por fuera, puedo verlo por dentroal cerrar los ojosnaranjas, rojos, amarillos se abren pasoes un laberinto de fuegollamaradas, lenguas agitadas,arderes un idiomahecho de quiebres, chisporroteos, …

El caballo impertinente

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Me subo a un caballo, todo parece tranquilo, incluso inmóvil, como si fuéramos en una calesita pero con animales de verdad. Está el caballito marrón, el alazán, el manchadito, el blanco, el grisáceo. Van en fila. Lentos, cansinos, con esa mirada que no se sabe qué enfoca, oblicua y hasta temerosa que tienen los caballos. Van en fila, derecha, izquierda, derecha, izquierda, en fila. De pronto, el mío corta camino, se adelanta rápido y se pone al lado de otro, se acerca mucho, sujeto la rienda pero no me hace caso, tira un tarascón, va directo al cuello. Relinchan, el mío corcovea un poco, creo que voy a caer, se mueve mucho, pierdo un estribo.En un segundo irrumpe el chico gaucho que controla todo y lo acomoda. Me dice: más fuerte la rienda, agarrala más. Cuánto hacía que no montaba? Ni me acuerdo, siempre fue en esa calesita en fila india que los animales conocen, y que también saben romper, porque a veces se cansan, o tienen hambre y se detienen a pastar, se van del camino hacia el b…

El punto ciego

El apunte sobre el presente lo destroza, como si arrojara una piedra a un estanque calmo, tan liso como un espejo. O me tirara yo de cabeza a una piscina prístina, peinada recta por el aire inmóvil. De inmediato, es pasado. No, no viviría nunca de esa manera. No se trata de una oración condicional o personal. Quiero decir: no se puede vivir así: escribo una línea: no estoy ya en el tiempo. Como si fuera lanzada a-fuera del presente? al futuro? pero eso dónde está? La plena incertidumbre. El pasado es lo que acaba de pasar, (anterior a la coma, al punto, a la piedra, a la cabeza) ni siquiera puedo darme vuelta a mirar, es al costado, un poco más atrás, imposible verlo. Lo hallo pegado, no tengo ángulo de giro, no hay perspectiva. El punto es ciego. Ese intersticio donde sucede lo inapresable, cunde el resplandor, la maravilla o la tiniebla. Ahí lo que no se dice, lo que no sé, no encuentro palabra. Te excavo, punto-pozo-ojo, meto la mano, una y otra vez, me hundo. Ahí el corazón invisi…

Puedo verte relucir

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Dejé Buenos Aires, lo que siento es un estribillo: 
no te aguanto más, te extraño como loca. 
Tu calor me asfixia, pero tengo Guarida con aire y podemos leer de un tirón Aullido, hablar de grupos literarios, imaginar a Kerouac con su cigarrillo eterno al costado de la boca, precario equilibrio, mientras anota en su cuaderno manchado lo que será On the road. 
Puedo verte relucir pese a todo.
Pasé una noche de fiebre alucinada. Las sábanas eran mortajas mojadas. 40 grados Buenos Aires. No podía abrir bien los ojos y mi única preocupación era cómo iba a leer.
Puedo verte relucir en el fuego del verano del cemento. 
Ahora, en la ruta (así lo habría titulado yo), el aire es fresco y cortante. Toda mi ropa está mal. El cuerpo se comprime y respira. Abre sus bocas, quiero aullar. Puedo verte relucir sólo con tus ruidos, editemos las palabras, a veces por ráfagas, venenosas.
Queda Buenos Aires el jardín, te lo encargo sin límites“with the absolute heart of the poem of life butchered out of their own…

Olvido

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Quién sabe por qué me acordéde esa vez que caminábamos y empezó a lloviznarsalíamos de Cortázar, era gris plata el cielocargado, voluminosoabajo, yo, me sentía librelo nuestro estaba destruidote habías encargado racionalmente decisión tijerame sentía libre, un poco heridaquién sabe por quérespiraba tranquilala tristeza se había deshechoestiradael punto suelto de un tejidotiré y tiréhilo de lanaroja, suelta,lista de nuevo para trastocar. 
Mi paraguas estaba rotoconfuso y algo desesperadovos no tenías, solo mirabas,hablabas sin parar de cualquier cosa(como si las palabras pudieran tapar la intemperieexiste con resolución) en el medio de la avenida lo abro————————-(el presente me invade, lo toma todo,en este instante no hay recuerdolo invento, lo vivo, estamos, por última vez, caminando)te muestro y me ríoEsto no sirve másNo quiero nada que no funcione, y que encimano sea lindoalgo que parezca cubrir y decepcione(las palabras, pienso, no pueden cortar)mirá cómo se abretodo chueco (las pal…